miércoles, 21 de setiembre de 2011
El amor es lo más grande
Queridos hermanos:
En mis visitas a las distintas comunidades, me doy cuenta de que hay mucha gente entre nosotros que tiene gran respeto por la Biblia.
Algunos se reúnen hasta tres y cuatro veces en la semana para leer la Biblia.
Y me alegro de que amen este libro sagrado.
Pero también me doy cuenta de que hay personas entre nosotros, que son muy de la Biblia, y al mismo tiempo son capaces de despreciar y hablar mal del prójimo; personas que duermen en la noche con la Biblia al lado, pero por nada quieren saludar a su vecino, ni tampoco quieren prestar algún servicio a una persona necesitada.
Otros recorren pueblo tras pueblo para leer y enseñar la Palabra de Dios, pero se olvidan de cuidar a su madre enferma; se esfuerzan por vivir como ángeles la Biblia, pero se olvidan de ser «buena gente».
Queridos hermanos, debemos tener mucho cuidado con estas actitudes.
Sí, debemos leer y meditar la Biblia, y debemos amar mucho este libro. Pero no debemos dejar a un lado lo más grande que nos enseña la Biblia: «el amor a Dios y el amor al prójimo».
En esta carta les quiero hablar acerca de este tema central de la Biblia, quiero que leamos juntos las páginas más hermosas de este libro sagrado, pero también estoy consciente de que es el mandamiento más difícil de cumplir.
1. No a la hipocresía:
No basta conocer la Biblia de memoria; el demonio conoce la Biblia mejor que todos nosotros y era capaz de discutir con el mismo Jesús lanzándole textos bíblicos (Mt. 4, 1-11).
Pero el demonio no ama y por eso está lejos de Dios.
¿De qué me sirve conocer la Biblia entera si no tengo amor?
¡De nada me sirve!
2. No basta tener fe sin tener obras de amor:
«No olvides que también los demonios creen y, sin embargo, tiemblan delan-te de Dios» (Sant. 2, 19). La fe sin el amor es una fe muerta.
¿No dijo el apóstol Pablo que «la fe se hace eficaz por el amor» (Gal. 5, 6)?
3. No basta decir: «Señor, Señor»
El que dice que ama a Dios y luego habla mal del prójimo es un mentiroso. Y el que no ama no conoce a Dios (1Juan 4, 20).
Dice Jesús: «No todos los que dicen Señor, Señor, van a entrar en el reino de los cielos, sino los que hacen la voluntad de mi Padre Celestial» (Mt. 7, 21).
4. No bastan las apariencias.
No basta ser un hombre muy devoto y cumplir con las oraciones y pagar los diezmos... y luego criticar al otro que piensa distinto.
Los fariseos de la Biblia eran hombres sumamente devotos, muy observantes de la ley y pagaban estrictamente los diezmos, pero no olvidemos que fueron precisamente estos hombres devotos los que hicieron sufrir mucho a Jesús y finalmente lo llevaron a la muerte en la cruz.
5. «Si yo no tengo amor, yo nada soy» (1 Cor. 13, 2)
Si yo no tengo amor de nada me sirve estudiar la Biblia, de nada me sirve ir al templo y hacer largas oraciones y vigilias nocturnas.
Dios es amor, y el que no ama no está en Dios (1 Juan 4, 7).
¡Lo más grande de nuestra religión es el Amor!
6. El que ama a Dios, ama al prójimo
Un día un maestro de la ley se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?»
Jesús le contestó: «El primer mandamiento es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor.
Ama pues al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
Este es el primer mandamiento.
Y el segundo es parecido, y es: Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos» (Mc. 12, 28-31).
7. ¿Por qué es éste el mandamiento más grande?
Simplemente porque DIOS ES AMOR. El amor viene de Dios.
Todo el que tiene amor es hijo de Dios y conoce a Dios.
El que vive en el amor vive en Dios y Dios vive en él (1 Jn. 4, 7-16).
El amor de Dios consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio por nuestros pecados (1 Jn. 4,10).
La prueba más grande de amor nos la dio Jesucristo.
El se entregó por amor a nosotros y derramó hasta la última gota de su sangre por nosotros.
Ojalá que podamos comprender cada vez más «cuán ancho, largo, profundo y alto es el amor de Cristo. Que conozcamos este amor» (Ef. 3, 18-19), y que seamos imitadores de este amor.
8. No seamos mentirosos
Pero si alguno dice: «Yo amo a Dios» y al mismo tiempo odia a su hermano al cual ve, tampoco puede amar a Dios, al cual no ve (1 Jn. 4, 20). Si alguno dice que está en la luz, pero odia a su hermano, todavía está en la oscuridad.
El que odia a su hermano vive y anda en la oscuridad, y no sabe a dónde va, porque la oscuridad lo ha vuelto ciego (1 Jn. 2, 9-10).
Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida, y lo sabemos porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama a su hermano, sigue muerto.
Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino puede tener vida en su corazón (1 Jn. 3, 14-15).
9. Amémonos unos a otros.
Algunos piensan que el amor al prójimo es solamente amar a sus amigos o sus hermanos, y que pueden «guardar rencor a su enemigo», como en el Antiguo Testamento (Lev. 19, 18).
Pero Jesús nos dice otra cosa: «Tengan amor para sus enemigos, bendigan a los que les maldicen, hagan bien a los que les odian, oren por los que les insultan y les maltratan... Pues si ustedes aman solamente a los que les aman a ustedes,
¿qué premio van a recibir por eso?
Hasta los pecadores hacen eso.
Y si saludan solamente a sus hermanos,
¿qué de bueno hacen?,
pues hasta los que no conocen a Dios hacen eso» (Mt. 5, 44-47).
Queridos hermanos, este amor al prójimo que Jesús nos pide no es nada fácil.
Pero los que tratan de amar así, serán llamados hijos de Dios (Mt. 5, 45).
El verdadero discípulo de Cristo debe ver en cada hombre a su hermano: «Bendigan a los que les maltratan.
Pidan para ellos bendiciones y no maldiciones» (Rom. 12, 14).
«Cada vez que podamos, hagamos bien a todos» (Gal. 6, 10).
Si amamos de verdad, Dios mismo llena nuestro corazón con su amor (Rom. 5, 5),
y este amor nos empuja a amar a todos los hombres, a no ofender al prójimo (Mt. 5, 21-30), a ser sinceros con todos (Mt. 5, 33-37), a renunciar a la venganza, a hacer el bien a todos (Mt. 5, 43-48), a no condenar a nadie (Mt. 7, 1), a amar con obras (Mt. 7, 12).
10. La fe y las obras
Escuchemos lo que dice el apóstol Santiago, cap. 2, 14-20: «Hermanos míos,
¿de qué sirve que alguien diga que tiene fe, si no hace nada bueno?
¿puede acaso salvarlo esa fe?
Supongamos que a algún hermano o hermana le faltan la ropa y la comida necesaria para el día, y que uno de ustedes le dice: 'Que te vaya bien; tápate del frío y come', pero no le da lo que necesita para el cuerpo;
¿de qué sirve eso?
Así pasa con la fe, si no se demuestra con lo que la persona hace, la fe por sí sola es una cosa muerta».
Pero tal vez alguien dirá: «Tú tienes fe, y yo hago bien.
Muéstrame, pues, tu fe aparte del bien que haces, y yo te mostraré mi fe por medio del bien que hago.
Tú tienes fe suficiente para creer que hay un solo Dios, y en esto haces bien; pero también los demonios creen eso, y tiemblan de miedo.
Pero
¿no quieres reconocer que si la fe que uno tiene no se demuestra con el bien que hace, es una fe muerta?».
11. Jesucristo juzgará nuestras obras
Leemos en Mateo 25, 31-46: Aquel día el Hijo del hombre nos va a juzgar, no sobre nuestra fe, no nos juzgará sobre nuestros conocimientos bíblicos, no nos juzgará sobre nuestras vigilias en el templo, no nos juzgará sobre los diezmos...
El Hijo del hombre se sentará en su trono y separará a los unos de los otros y a los que estarán a su derecha les dirá: «Vengan ustedes, los que han sido bendecidos de mi Padre, reciban el Reino que está preparado para ustedes, pues tuve hambre y ustedes me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; anduve como forastero y me dieron alojamiento... En verdad les digo que cualquier cosa que hicieron por uno de estos mis hermanos, por humilde que sea, a mí me lo hicieron».
Queridos hermanos:
Jesucristo se identifica con los pobres, los marginados, los enfermos, los encarcelados de nuestro tiempo.
Ahí encontramos el rostro de Cristo, y
¿cuántas veces hemos despreciado este rostro?
Y cuando dejamos de hacer el bien con uno de estos más pequeños, también con Jesús dejamos de hacerlo.
Meditando estos textos sobre el mandamiento más importante de la Biblia, muchas veces pienso que nosotros los cristianos debemos sentirnos avergonzados, puesto que con nuestras discusiones sobre religión y nuestras divisiones somos un escándalo para todo el mundo y faltamos gravemente al mandamiento del amor.
A veces me da la impresión de que hasta ahora no hemos hecho nada y que debemos aprender de nuevo a ser obedientes a la voz de Cristo: «Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros.
Así como yo los amo, ustedes deben amarse también los unos a los otros» (Jn. 13, 34).
No nos desanimemos, pero comencemos ahora con la práctica del amor, el amor verdadero a Dios y al prójimo.
El himno al amor
Para terminar, hermanos, leamos juntos el cántico del amor que escribió San Pablo para los que buscaban en aquel tiempo los dones del Espíritu Santo.
Aquellos cristianos que ansiaban el don de lenguas, el don de profecía, el don del profundo conocimiento, el don de la fe, pero, sin darse cuenta, muchos se olvidaron del camino más excelente para encontrarse con Dios: el camino del amor.
«Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un tambor que resuena o un platillo que hace ruido.
Si yo doy mensajes recibidos de Dios y conozco todas las cosas secretas, tengo toda clase de conocimientos y tengo toda la fe necesaria para cambiar los cerros de lugar, pero no tengo amor, yo nada soy.
Si reparto todo lo que tengo y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve.
El que tiene amor tiene paciencia, es bondadoso, no es presumido ni orgulloso, no es grosero ni egoísta... no se alegra del pecado de los otros sino de la verdad. Todo lo soporta con confian-za, todo lo espera con paciencia.
El amor nunca muere» (1 Cor. 13, 1-8).
Coplas por el Amor
Querer sólo por querer
es la fineza mayor,
el querer por interés
no es fineza ni es amor.
En aquella santa Cena
dijo el divino Maestro
el que quiera ser mayor
que tome el último asiento.
Ni los clavos ni el madero
me tienen crucificado,
sino sólo tu pecado
y lo mucho que te quiero.
Etiquetas:
El amor es lo más grande
¿Se deben bautizar los niños?
Queridos hermanos:
La mayoría de las familias católicas piden el bautismo cuando recién les ha nacido el hijo.
Y cuando uno pregunta:
«¿por qué bautizan a los niños?», nos dan varias razones.
Desgraciadamente no siempre son las mejores razones, por ejemplo: «porque siempre se ha hecho así»... «para que la guagua no sea mora»... «para que la guagua se mejore»...«para hacer una fiesta...»
Las familias realmente cristianas piden el bautismo porque los padres viven con alegría su fe, como el mejor regalo de Dios, y desean lo mismo para sus hijos.
Queridos hermanos: en mi carta anterior les he explicado que el bautismo cristiano, por el poder del Espíritu Santo, nos hace nacer como hijos de Dios, nos convierte en cristianos y nos integra como miembros vivos de la Iglesia.
Meditando bien la Biblia nos damos cuenta de que debemos considerar el bautismo de adultos como la práctica más frecuente en la Iglesia primitiva, pero, actualmente, vemos que la mayoría de los padres católicos desea el bautismo para sus hijos cuando son pequeños, y no quieren privar al niño de este gran don de Dios.
¿Hay razones en favor del bautismo de niños?
¿Qué nos enseña la Biblia?
1. El bautismo de niños es una práctica muy antigua en la Iglesia.
El bautizar niños era una costumbre ya por el año 200 y se piensa que desde los primerísimos tiempos de la Iglesia ha existido esta práctica.
En la Biblia no encontramos textos en contra del bautismo de los niños.
Sin embargo, hay indicaciones en las cuales está implícita la práctica de bautizarlos.
En la carta a los Corintios el Apóstol Pablo dice: «También bauticé a la familia de Estéfanas» (1 Cor. 1, 16), y se supone que en una familia hay niños.
En los Hechos de los Apóstoles, Pablo nos narra cómo él bautizó en la ciudad de Filipos a una señora, llamada Lidia, «con toda su familia» (Hech. 16, 15).
Y refiriéndose al carcelero de Filipos, también dice: «Recibió el bautismo él y todos los suyos» (Hech. 16, 33).
Esta práctica de bautizar los niños ha existido desde los comienzos en la Iglesia, y el mismo Lutero, fundador del protestantismo e inspirador de las iglesias evangélicas, admitió el bautismo de niños porque ellos son bautizados en la fe de la Iglesia.
2. ¿Qué razones hay en favor del bautismo de los niños?
Existe un buen número de razones para ello: Los niños también son acogidos por el amor de Dios, los niños pequeños pueden ser incorporados al misterio de Cristo y ser acogidos en la fe de la Iglesia.
Por supuesto que los padres cristianos deben aceptar el compromiso de educar a sus hijos cristianamente, y en esta tarea han de colaborar los padrinos y la comunidad cristiana.
Analicemos estas y otras razones en favor del bautismo de los niños.
3. El actuar de Dios es anterior a nuestro actuar y a nuestra fe.
No debemos pensar que Dios comienza a amarnos una vez que hemos manifestado conscientemente nuestro amor y nuestra fe en El.
El amor de Dios es anterior a nuestra iniciativa de amar: «Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes de que nacieses te había consagrado» (Jer. 1, 4-5); (Is. 49, 1). «En esto está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó primero» (1Jn 4, 19).
Ahora bien, cuando la Iglesia bautiza a los niños chicos, expresa con ello la convicción de que ser cristiano significa ante todo un don gratuito de Dios.
Dios nos ama antes de que nosotros hagamos cualquier cosa por El. Entendiendo así las cosas, el bautizar a los niños es auténticamente bíblico y manifiesta la gratuidad del amor de Dios que rodea toda nuestra vida.
Pensar que Dios se comunica solamente por medio de una fe consciente sería limitar el poder de Dios.
4. La fe de la comunidad es la única condición para el bautismo del niño
El bautismo es antes que nada el sacramento de la fe.
Ahora bien, algunos dirán que el niño todavía no puede proclamar conscientemente esta fe en Cristo.
Entonces,
¿no sería mejor esperar hasta que el niño llegue a ser adulto y proclame por sí solo su fe cristiana?
No olvidemos que el bautismo no es un puro signo de fe; el bautismo también es «causa de fe» y produce como efecto en el bautizado «la iluminación interior».
Sin duda, la gracia recibida en el bautismo, el poder del Espíritu Santo con sus dones y la fe que irradia una familia cristiana ayudarán a que el niño, poco a poco, responda con una fe libre y personal.
La Iglesia, y muy concretamente los padres y los padrinos, puede tomar el lugar del niño; el niño que es bautizado no cree todavía por sí mismo, sino por medio de otros, por la fe de la Iglesia o de la comunidad cristiana.
Por eso se suele decir que «los niños son bautizados en la fe de los padres y en la fe de la comunidad cristiana».
Por supuesto que la Iglesia siempre pide el compromiso a los padres y padrinos para que lo eduquen cristianamente.
Entendido así, el bautismo de niños es un «privilegio» que la Iglesia siempre ha concedido a las familias cristianas en atención a la fe de los padres y padrinos.
5. Es malo dejar al niño sin rumbo y sin religión
Algunos dicen que no es justo imponer a los niños la religión: «El niño no puede razonar y debe esperar hasta que sea adulto para optar libremente por el bautismo...»
Es verdad que un niño recién nacido no puede razonar.
Pero es una ilusión esperar hasta que el niño pueda razonar para elegir libremente una religión.
Sería un error muy grave que los padres dejasen al niño sin religión, sería lo mismo que dejarlo sin rumbo en la vida.
Esto no significa «imponer» una religión.
Cada niño nace y crece en el ambiente que le es dado nacer.
Crece en una familia que le comunica los grandes valores de la vida sin que el niño lo pida. Esperar hasta que el niño como adulto elija por sí mismo los valores de la vida, sería dejarlo crecer sin rumbo.
Hay tantas cosas que la vida da a los niños sin que ellos lo hayan pedido. Ellos no pueden elegir a los padres, no pueden elegir el ambiente, ni su lengua, ni sus cultura.
Pero esto no es una limitación sino algo muy natural.
La realidad de no imponer nada al niño simplemente no existe.
En una vida normal son primeramente los padres los que tienen que tomar por sus hijos las opciones indispensables para toda la vida.
Los buenos padres de familia siempre desean comunicar a sus hijos los grandes valores de la vida.
Ahora bien, la fe cristiana de una familia es, sin duda, un don divino y lo más normal es que los padres deseen comunicar este don a sus hijos.
¿Por qué, entonces, privar a los niños de este bien? Un niño sin ninguna educación en la fe de sus padres, parte sin rumbo durante los primeros años de su vida y difícilmente encontrará el camino para crecer en la verdadera libertad hacia una decisión personal.
6. Y
¿cuándo empieza la fe en nuestra vida?
Imposible contestar a esta pregunta, como tampoco se puede contestar a la pregunta de cuándo empezamos a amar.
La fe es como el amor.
Tiene que ser suscitada.
Y crece, sin que se advierta, desde el primer contacto de los padres con el niño.
No sabemos cuándo el niño empieza a amar.
Sería absurdo.
Lo mismo pasa con la fe.
No se debe esperar hasta el día en que el niño empiece a manifestar alguna inquietud al respecto.
Así como no se puede poner fecha al comienzo del amor, tampoco se puede poner fecha al comienzo de la fe, como tampoco los padres pueden esperar a darle comida al niño hasta que el niño decida lo que va a comer.
Lo mismo pasa con el idioma y con el nombre que nuestros padres nos dan. Son cosas anteriores a la libre elección... La comida, el nombre, el idioma y la vida son un bien.
Y los padres para entregar este bien no esperan la aprobación de su hijo, sino que se lo dan en forma anticipada.
De igual manera la fe y el Bautismo son un bien y por ello los padres deciden y dan este bien a sus hijos antes que ellos tengan uso de razón.
Decíamos que para llegar a la existencia los papás no preguntaron al niño si quería vivir o no, porque se supone que la existencia es un bien, es un regalo... de igual manera la vida divina es un bien y un regalo, y los papás se lo conceden al niño porque ellos desean lo mejor para sus hijos.
7. Consideración final
El niño pequeño forma parte de una familia, de una comunidad y nunca es demasiado chico para inculcarle la Fe.
¿No es verdad que Jesús abrazaba a los niños y los bendecía?
Jesús no esperaba que los niños estuvieran conscientes y pidieran este amor.
«Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan» (Mc. 10, 13-14).
La Iglesia Católica sigue bautizando a los niños pequeños porque está convencida de que los pequeños pertenecen a Dios.
Además el niño vive dependiendo de los adultos que le rodean.
La fe del niño tendrá futuro si existe el compromiso de los padres de transmitir la fe a sus hijos.
Sin este compromiso la Iglesia prefiere postergar el bautismo hasta que se den las condiciones necesarias.
Pero con toda seguridad podemos decir que cuando los padres creyentes piden el bautismo, piden algo bueno y razonable y este sacramento seguirá siendo el camino más adecuado para una futura vida cristiana.
Dice el CATECISMO:
¿Qué significa la palabra Iglesia?
-La palabra Iglesia significa la reunión de los fieles bautizados que creen en Jesu-cristo y que están unidos al Papa.
¿Qué significaba la palabra Iglesia en los primeros siglos del cristianismo?
-Significaba las reuniones de los fieles para celebrar la Fracción del Pan, es decir, lo que hoy llamamos Santa Misa o Eucaristía.
¿Qué pasó en el siglo IV?
-Es este tiempo se empezó a llamar iglesia al templo donde se celebraba la Santa Eucaristía.
¿Cuáles son los nombres de Iglesia que se encuentran en el Nuevo Testamento?
El Nuevo Testamento llama a la Iglesia:
1) Pueblo de Dios (Hechos 3, 25-26).
2) Reino de Dios (Hechos 20, 25).
3) Jerusalén del cielo (Gálatas 4, 26).
4) Esposa de Cristo (Juan 3, 29).
5) Casa de Dios (1 Timoteo 3, 5).
6) Cuerpo de Cristo (Efesios 4, 12).
¿Quiénes forman parte de la Iglesia?
-Todos aquellos que son bautizados y que son transformados de paganos y gentiles en hijos adoptivos de Dios forman la Iglesia.
¿Cuál es el primer elemento de la Iglesia llamado el cuerpo de la Iglesia?
-El primer elemento visible de la Iglesia está formado por las personas bautizadas que profesan la misma fe, reciben los mismos sacramentos y obedecen al Papa.
¿Cuál es el segundo elemento visible de la Iglesia llamado el alma de la Iglesia?
-El alma de la Iglesia está formada por todas las personas que viven en gracia de Dios y en íntima relación de amistad con Dios.
¿Cuál es la verdadera Iglesia de Jesús?
La verdadera Iglesia de Jesús es aquella que contiene todos los elementos que Jesús dejó para su Iglesia.
Y ésta es la Iglesia Católica fundada por Jesucristo sobre Pedro.
Es la única que conserva todos los elementos que Jesús dejó a su Iglesia.
Etiquetas:
¿Se deben bautizar los niños?
martes, 20 de setiembre de 2011
El Bautismo
Queridos hermanos:
Un día se me acercó un caballero y me pidió que le buscara la fe de bautismo.
Me dijo que cuando pequeño había sido bautizado en mi parroquia.
Le comenté que me extrañaba mucho que él, siendo pentecostal, viniera a pedir su fe de bautismo a la Iglesia Católica.
Me contó que necesitaba este documento para su jubilación... y conversando con él me hizo entender que ahora, de mayor, se había bautizado en otra religión, porque le habían dicho que el bautismo de niños chicos no es válido y además que Jesús se había bautizado como adulto.
Queridos hermanos, me doy cuenta de que hay mucha confusión entre nuestra gente acerca de la fe cristiana y muchos por falta de conocimiento bíblico abandonan la fe católica.
En esta carta les escribo de lo que la Biblia nos enseña acerca del bautismo cristiano, y en otra les explicaré que una familia cristiana tiene pleno derecho a pedir el bautismo de sus niños.
Ante todo lea y medite:
1. El bautismo de Juan Bautista no es lo mismo que el bautismo de los cristianos.
Es verdad que Juan bautizaba a la gente adulta en el río Jordán, e incluso Jesús fue bautizado por él.
Pero
¿qué significado tiene el bautismo de Juan?
Juan Bautista era el Precursor de Jesús, nuestro Salvador.
Juan comenzó a predicar la penitencia y la confesión de los pecados para que la gente, con un corazón limpio, recibiera al Mesías que iba a venir pronto.
Como signo de conversión y de perdón de los pecados, Juan llamaba a la gente a recibir el bautismo con agua en el río Jordán.
Es decir el bautismo de Juan expresaba un cambio de vida, una verdadera conversión hacia Dios; significaba así una preparación para la venida del Señor (Mc.1,3).
Jesús también se hizo bautizar por Juan, aunque El no tenía ningún pecado y por eso no necesitaba el bautismo definitivo: «Mi bautismo -decía Juan- es un bautismo con agua y significa un cambio de vida, pero otro viene después de mí y es más poderoso que yo: El los bautizará en el fuego y en el Espíritu Santo» (Mt. 3, 11).
Queridos hermanos y amigos, estos textos nos aclaran muy bien que el bautismo de Juan no es lo mismo que el bautismo cristiano.
2. ¿Qué es el bautismo instituido por Jesucristo?
Jesús resucitado, antes de subir al cielo, mandó a sus apóstoles: «Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.
Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt. 28, 19-20).
Y en otra parte de la Biblia dijo Jesús: «El que crea y sea bautizado, se salva-rá» (Mc. 16, 16).
Los apóstoles y los primeros cristianos estaban conscientes de que el bautismo de Jesús era distinto del de Juan, era un mandato del Señor resucitado, y cuando comenzaron la predicación del Evangelio bautizaban a todos los que creían en Jesucristo.
Por supuesto que este bautismo en Cristo tiene un sentido más profundo que el bautismo de Juan.
El bautismo cristiano significa, sobre todo, un nuevo nacimiento, una nueva vida.
Jesús dijo: «Si no renaces del agua y del Espíritu Santo, no puedes entrar en el Reino de los cielos» (Jn. 3-5).
3. ¿En qué consiste este nuevo nacimiento?
a) Con el bautismo de Cristo nacemos a la vida de hijos de Dios: Por el bautismo cristiano nosotros «llegamos a tener parte en la naturaleza de Dios» (2 Pedr. 1, 4); y «somos realmente hijos de Dios por adopción» (Rom. 8, 16 y Gál. 4, 5).
Desde ahora en adelante llevamos grabado en nuestro corazón el sello de Dios para toda la eternidad, y podemos clamar a Dios diciendo: «Abba-Padre» que significa «Papito». Dios, como Padre, nos cubre desde ahora y para siempre con su amor.
Es éste el regalo más grande que podemos recibir acá en la tierra.
b) El bautismo nos incorpora a Cristo, es decir, somos de Cristo, somos cristianos:
«¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos a Cristo Jesús, tenemos parte con El en su muerte al ser bautizados?
Así pues, por medio del bautismo fuimos enterrados junto con Cristo y estuvimos muertos, para ser resucitados y vivir una vida nueva» (Rom. 6, 3-5).
«Todos ustedes que fueron bautizados para unirse a Cristo, se encuentran cubiertos por El como por un vestido... y al estar unidos a Cristo Jesús, todos ustedes son uno solo» (Gal. 3, 27-28).
Eso quiere decir que por el bautismo somos injertados en el misterio pascual de Jesucristo: Morimos con él, somos sepultados con él y resucitamos a una nueva vida con él.
c) El bautismo cristiano es un nuevo nacimiento en el Espíritu Santo.
Dijo Jesús: «El que no nace del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de Dios» (Jn. 3, 5).
Escribe el apóstol Pablo a su amigo Tito: «Cristo nos salvó por medio del Bautismo que significa que hemos nacido de nuevo, y por medio del Espíritu Santo que nos ha dado nueva vida.
Por medio de nuestro Salvador Jesucristo, Dios nos ha dado el Espíritu Santo en abundancia» (Tit. 3, 5-6).
d) El Bautismo nos hace miembros del Cuerpo de Cristo, que es su Iglesia:
«Cristo es como un cuerpo que tiene muchos miembros y todos los miembros forman un solo cuerpo.
Pues todos nosotros, seamos judíos o griegos, esclavos o libres, al ser bautizados hemos venido a formar un solo cuerpo por medio de un solo Espíritu» (1 Cor. 12, 12-13).
«Así somos uno en Cristo por el bautismo, un sólo pueblo de Dios formado por todas las razas y todas las naciones sin excepción».
Pertenecer a la Iglesia de Cristo no es una simple afiliación, como hacerse socio de un club.
Los bautizados forman parte de una sola familia, son hermanos entre sí.
«Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como Dios les ha llamado a una sola esperanza.
Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos» (Ef. 4, 4-6).
3) ¿Qué se exige para recibir el bautismo?
Se exige primeramente la fe.
El bautismo es, antes que nada, el sacramento de la fe, por el cual el hombre acepta el Evangelio de Cristo.
La fe está en el centro del Bautismo. En el libro de los Hechos de los Apóstoles leemos que, cuando un hombre de Etiopía quiso bautizarse, el diácono Felipe le dijo: «Si crees de corazón es posible».
Respondió el etíope: «Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios» (Hch. 8, 37).
De esta forma la conversión, la aceptación de Cristo y su Evangelio por la fe es la primera condición para ser bautizado.
También exige luchar contra el mal: el bautismo no es para los cobardes, es para los que están dispuestos a luchar contra «los principados y potestades de las tinieblas» (Col. 2, 15).
San Pedro expresa esta lucha del cristiano en la imagen del león rugiente que espera el momento propicio para devorarnos (1 Ped. 5, 8-11).
También San Pablo exhorta a los creyentes: «Revístanse de la armadura de Dios para que puedan resistir las tentaciones del diablo, porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra las fuerzas sobrenaturales del mal» (Ef. 6, 10-12).
4. Se exige ser testigo de Cristo:
«Los bautizados en Cristo reciben este poder del Espíritu Santo y saldrán para ser testigos de Cristo en las partes más lejanas del mundo» (Hch. 1, 5-8). Serán testigos de la «vida recta, de devoción a Dios, de fe, de amor, paciencia y humildad de corazón.
Pelea la buena lucha de la fe, echa mano de la vida eterna, pues para esto te llamó Dios y has hecho tu buena declaración de fe delante de muchos testigos.» (1 Tim. 6, 11-12).
«Dios no nos ha dado un Espíritu de miedo, sino un Espíritu de poder, de amor y de buen juicio. No tengas vergüenza, pues, de dar testimonio a favor de Nuestro Señor... Acepta de tu parte los sufrimientos que vienen por causa del mensaje de salvación, conforme a las fuerzas que Dios da. Dios nos salvó y nos llamó a llevar una vida consagrada a El.» (2 Tim. 1, 7-9).
Queridos hermanos, nos damos cuenta de que el bautismo cristiano es algo grande; es, sin duda, el regalo más grande y hermoso que podemos recibir.
Pero al mismo tiempo ser bautizado exige de nosotros mucha seriedad.
Algunos dicen también que por qué no esperar a bautizar hasta que uno sea grande y decida si quiere o no ser bautizado.
Este tema lo veremos más adelante, pero desde ya les digo que el bautismo es un regalo de Dios. Y entonces ¿para qué esperar a aceptar este regalo?
¿Para que dejar que en la vida de un ser humano reinen por unos años las tinieblas pudiendo reinar la luz? Y hay otra razón: los papás para hacerte el regalo de la vida no te consultaron, porque la vida es un bien, es un regalo... de la misma manera, tus papás para hacerte el regalo de la vida divina no tienen para qué esperar a consultarte.
Basta que ellos tengan fe y quieran para sus hijos este hermoso don.
Es posible que nunca hayamos tomado en serio esta realidad o que hayamos sido bautizados cuando niños y nunca hayamos recapacitado sobre lo que esto significa.
Ojalá que ahora, tomemos en cuenta esta vida divina que nos da el bautismo y seamos capaces de renovar y vivir día tras día nuestra vida cristiana como bautizados.
Dice el CATECISMO:
¿Qué es el Bautismo?
-Es un sacramento instituido por Nuestro Señor Jesucristo a través del cual nos convertimos en hijos adoptivos de Dios, miembros de la Iglesia y herederos del cielo.
¿Cómo podemos saber que el bautismo es necesario para la salvación?
-En Juan 3,5 se dice: «El que no renace del agua y del Espíritu Santo no entrará en el reino de los cielos».
¿Por qué los protestantes están contra el bautismo de los niños?
-Porque ellos dicen que los niños no pueden arrepentirse de sus pecados y también que los niños no pueden recibir la fe bautismal.
¿Por qué, según los protestantes, los niños no tienen derecho a ser bautizados?
-Según los protestantes los niños, para bautizarse, deberían arrepentirse de sus pecados.
Pero nosotros sabemos que los niños no tienen ningún pecado personal por eso decimos que no necesitan arrepentirse para ser bautizados.
El estar arrepentidos solamente es necesario para los adultos que han cometido pecados.
¿Qué enseña Jesús sobre el Bautismo de los niños?
-Jesús dice: «Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo».
Ahora bien,
¿quién forma los pueblos y las naciones? ¿Acaso no son los niños con los adultos los que conforman los pueblos y las naciones? La Iglesia bautiza a los niños en virtud de la fe y el compromiso de sus padres y padrinos.
¿Va contra la Biblia el bautizar a los niños?
-De ninguna manera, pues vemos en los Hechos de los Apóstoles: 16, 32-33 como familias enteras fueron bautizadas.
No podemos imaginar que los Apóstoles negaran el bautismo a los niños que formaban parte de las familias convertidas.
¿Qué dice la Tradición sobre el bautismo de los niños?
-San Ireneo en el año 205 dice: «Jesús vino a salvarnos a todos».
¿Será que los niños no son parte de este todo? También San Agustín, en el año 481 dice en relación al Bautismo de los niños que «la Iglesia siempre conservó la costumbre y la tradición de bautizar los niños y que así lo hará hasta el fin».
Etiquetas:
El Bautismo
¿Yave o Jehová?
Queridos hermanos católicos:
En las Biblias evangélicas encontramos que a Dios se lo nombra como a «Jehová» y en las Biblias católicas le damos el nombre de «Yavé».
Muchos cristianos se preguntan:
¿por qué esta diferencia en el nombre de Dios? ¿qué debemos pensar de esto?
En el fondo no sirve de nada discutir por el nombre antiguo de Dios.
Nosotros vivimos ahora en el N. T.
y lo que nos importa es hablar de Dios como Jesús hablaba de El.
Jesús vino a aclarar el misterio más profundo que hay en el Ser Divino: «Dios es amor».
Dios es un «Padre» que ama a todas sus creaturas y los hombres son sus hijos queridos. Jesús mismo nos enseñó que debemos invocar a Dios como «nuestro Padre» (Mt. 6, 9).
Para los estudiosos de la Biblia quiero aclarar en esta carta el nombre antiguo de Dios, aquel nombre que los israelitas del A. T. usaban con profundo respeto.
La explicación es un poco difícil, porque debemos comprender algo del idioma he-breo, la lengua en la cual Dios se manifestó a Moisés.
1. Los nombres de Dios en el A. T.
Los israelitas del A. T. empleaban muchos nombres para referirse a Dios. Todos estos nombres expresaban una relación íntima de Dios con el mundo y con los hombres.
En esta carta quiero indicar solamente los nombres más importantes, por ejemplo:
En Ex. 6, 7 encontramos en el texto hebreo el nombre «Elohim», que en castellano significa: «El Dios fuerte y Poderoso».
En el Salmo 94 encontramos «Adonay» o «Edonay», que en castellano es «El Señor».
En Gén. 17, 1 se habla de Dios como «Shadday» que quiere decir el Dios de la montaña.
El profeta Isaías (7, 14) habla de «Emmanuel» que significa «Dios con nosotros».
Y hay muchos nombres más en el A. T., como por ejemplo: Dios Poderoso, el Dios Vivo, el Santo de Israel, el Altísimo, Dios Eterno, El Dios de la Justicia, etc.
Pero el nombre más empleado en aquellos tiempos era «Yavé» que significa en castellano: «Yo soy» o «El que es».
Leemos en Exodo Cap. 3 que Dios se apareció a Moisés en una zarza ardiente y lo mandó al Faraón a hablar de su parte. Moisés le preguntó a Dios: «Pero si los israelitas me preguntan cuál es tu nombre,
¿qué voy a contestarles?».
Y Dios dijo a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY».
Así les dirás a los israelitas: YO SOY me manda a ustedes.
Esto les dirás a ellos: YO SOY, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me manda a ustedes. Este es mi nombre para siempre» (Ex. 3, 13-15).
2. ¿De dónde viene la palabra «Yavé»?
Esta palabra es una palabra hebrea, el hebreo es el idioma de los israelitas o judíos del A. T.
En este idioma no se escribían las vocales de una palabra sino únicamente las consonantes.
Era bastante difícil leerlo correctamente, porque al leer un texto hebreo, uno mismo debía saber de memoria qué vocales tenía que pronunciar en medio de las consonantes. El nombre de Dios: «YO SOY» se escribía con estas cuatro consonantes: Y H V H que los judíos pronunciaban así «Yahveh», y en castellano se escribe YAVE.
La pronunciación «Yavé» es sin duda la pronunciación más correcta del hebreo original para indicar a Dios como «Yo soy el que soy» (Los judíos del A.T.
nunca dijeron Jehová).
3. ¿De dónde viene la palabra Jehová?
Los israelitas del A.T. tenían un profundo respeto por el nombre de Dios: «Yavé».
Era el nombre más sagrado de Dios, porque Dios mismo se había dado este nombre.
Con el tiempo los israelitas, por respeto al nombre propio de Dios, dejaron de pronunciar el nombre de «Yavé» y cuando ellos leían en la Biblia el nombre de «Yavé», en vez de decir «Yavé» dijeron otro nombre de Dios: «Edonai» (el Señor).
Resultó que después de cien años los israelitas se olvidaron por completo de la pronunciación original (Y H V H, Yavé) porque siempre decían «Adonay» (el Señor).
En la Edad Media (1.000 a 1.500 años después de Cristo) los hebraístas (que estudiaban el idioma hebreo antiguo) empezaron a poner vocales entre las consonantes del idioma hebreo.
Y cuando les tocó colocar vocales en la palabra hebrea Y H V H (el nombre antiguo de Dios) encontraron muchas dificultades.
Por no conocer la pronunciación original de las cuatro consonantes que en las letras castellanas corresponden a YHVH y en letras latinas a JHVH, y para recordar al lector que por respeto debía decir: «Edonay» en vez de «Yavé», pusieron las tres vocales (e, o, a) de la palabra Edonay; y resultó Jehovah en latín.
Es decir: tomaron las 4 consonantes de una palabra (J H V H) y metieron simplemente 3 vocales de otra palabra (Edonay) y formaron así una nueva palabra: Jehovah. Está claro que la palabra «Jehovah» es un arreglo de dos palabras en una.
Por supuesto la palabra «Jehovah» nunca ha existido en hebreo; es decir, que la pronunciación «Jehovah» es una pronunciación defectuosa del nombre de «Yaveh».
En los años 1600 comenzaron a traducir la Biblia a todas las lenguas, y como encontraron en todos los textos bíblicos de la Edad Media la palabra «Jehová» como nombre propio de Dios, copiaron este nombre «Jehová» literalmente en los distintos idiomas (castellano, alemán, inglés...). Y desde aquel tiempo empezaron a pronunciar los católicos y los evangélicos como nombre propio de Dios del A. T. la palabra «Jehová» en castellano.
4. Ahora bien, aun las Biblias católicas usan el nombre de «Yavé» y no el de «Jehová».
¿Está bien?
Está bien porque todos los hebraístas modernos (los que estudian el idioma hebreo) están de acuerdo que la manera original y primitiva de pronunciar el nombre de Dios debía haber sido «Yavé» y no «Jehová».
«Yavé» es una forma del verbo «havah» (ser, existir) y significa: «Yo soy el que es» y «Jehová» no es ninguna forma del verbo «ser», como lo hemos explicado más arriba.
Por eso la Iglesia Católica tomó la decisión de usar la pronunciación original «Yavé» en vez de «Jehová» y porque los israelitas del tiempo de Moisés nunca dijeron «Jehová».
4. ¿Cuál es el sentido profundo del nombre de «Yavé»?
Ya sabemos que «Yavé» significa: «Yo soy.» Pero
¿qué sentido profundo tiene este nombre?
Para comprenderlo debemos pensar que todos los pueblos de aquel tiempo eran politeístas, es decir, pensaban que había muchos dioses.
Según ellos, cada nación, cada ciudad y cada tribu tenía su propio Dios o sus propios dioses.
Al decir Dios a Moisés: «YO SOY EL QUE SOY» El quiere decir: «Yo soy el que existe: el Dios que existe; y los otros dioses no existen, los dioses de los egipcios, de los asirios, de los babilonios no existen.
Yo soy el único Dios que existe».
Dios, dándose el nombre de YAVE (YO SOY), quería inculcar a los judíos el monoteísmo (un solo Dios), y rechazar de plano todo politeísmo (muchos dioses) y la idolatría de otros pueblos.
El Dios de los judíos (Yavé) es un Dios celoso, no soporta a ningún otro dios a su lado.
El dice: «No tendrás otro Dios fuera de mí» (Ex. 20, 3). «Yo soy Yavé, tu Dios celoso» (Deut. 4, 35 y 32, 39).
El profeta Isaías explica bien el sentido del nombre de Dios. Dice Dios por medio del profeta: «YO SOY YAVE, y ningún otro».
«¿No soy yo Yavé el único y nadie mejor que yo?» (Is. 45, 18).
La conclusión es: La palabra «Yavé» significa que «El es el UNICO DIOS», el único y verdadero Dios, y que todos los otros dioses y sus ídolos no son nada, no existen y no pueden hacer nada.
5. El nombre de Dios en el N. T.
Más importante para nosotros, que vivimos en el N. T., es saber cómo Jesús hablaba del misterio de Dios.
Jesús y sus apóstoles, según la costumbre judía de aquel tiempo, nunca pronunciaban el nombre «Yavé» o «Jehová».
Siempre leían la Biblia diciendo: «Edonay» -el Señor- para indicar el nombre propio de Dios.
Todo el N. T. fue escrito en griego, por eso encontramos en el N. T. la palabra Kyrios (el Señor) que es la traducción de «Edonay».
Pero Jesús introdujo también una novedad en las costumbres religiosas y nombró a Dios «Padre»:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra».
«Mi Padre sigue actuando y yo también actúo».
«Por eso los judíos tenían ganas de matarlo: porque El llamaba a Dios Padre suyo haciéndose igual a Dios» (Jn. 5, 17-18).
Además Jesús enseñó a sus seguidores a hacer lo mismo: «Por eso, oren ustedes así: Padre Nuestro, que estás en los cielos» (Mt. 6, 9).
Ahora, el nombre más hermoso que nosotros podemos dar a Dios es el de: «Padre nuestro».
6. ¿Es verdad que en las Biblias de los Testigos de Jehová aparece el nombre Jehová en el Nuevo Testamento?
Así es. Los Testigos de Jehová hacen aparecer en el N. T. 237 veces la palabra «Jehová», pero eso no es correcto.
Cuando en el N. T. se habla de Dios con el nombre «Señor» (Kyrios en griego, Edonay en hebreo) ellos lo traducen como Jehová, pero esto es claramente una adulteración de los textos bíblicos.
El N. T. habla de Dios como «Padre» o «Señor», pero nunca como «Jehová». Una vez más desconocen la gran revelación de Jesucristo que fue la de anunciarnos a Dios como Padre.
7. ¿Qué es lo mejor para nosotros?
Lo mejor es hablar de Dios como Jesús hablaba de El.
Meditando los distintos nombres de Dios que aparecen en la Biblia, nos damos cuenta de que hay una lenta evolución acerca del misterio de Dios, y cada nombre revela algo de este gran misterio divino:
1) Dios se manifestó a Moisés como el único Dios que existe, significando esto que los otros dioses no existen.
Es lo que significa la palabra «Yavé».
2) Luego ese único Dios se manifestó a los profetas como el Dios de la Justicia.
3) Finalmente en Jesucristo, Dios se manifestó como un Padre que ama a todos sus hijos.
Dios es amor y nosotros tenemos esta gran vocación a vivir en el amor.
La oración del Padre Nuestro es la mejor experiencia de fraternidad universal.
¿Qué hay que hacer cuando los Testigos de Jehová, los Mormones y los seguidores de otras sectas llegan a la casa de uno para entablar una conversación?
«En primer lugar hay que precisar cuál es la verdadera intención de su visita.
Por lo general ellos dicen que quieren hablar de la Biblia y conversar acerca de Dios y de la religión.
Pero su verdadera intención no es ésta, sino la de arrebatar la fe a los católicos.
Eso y nada más es lo que quieren.
Quitar a los fieles su fe católica.
Hablar de la Biblia o de Dios es sólo el pretexto para llegar a este final que es quitar la fe a los católicos.
Y los hechos comprueban esta afirmación, porque sabemos de algunos buenos católicos que por cortesía, buena educación, o por otras razones, aceptaron con-versar con ellos sobre la Biblia o sobre Dios, y se pasaron a ser Testigos de Jehová, Mormones o de otras sectas y abominaron después contra su antigua fe católica.
Es decir, hay que tener claro que esta visita de los Testigos de Jehová, de los Mormones o de otras sectas a las casas y familias católicas no tiene otra intención ni otro propósito que arrebatarles su fe católica.
Conociendo esta realidad, la respuesta es obvia:
¿Quiere usted conservar y defender su fe católica?
No los reciba.
¿Quiere usted poner en peligro su fe católica?
Piense mejor lo que debe hacer».
La Santa Biblia
El libro que no pueden faltar en su hogar.
Etiquetas:
¿Yave o Jehová?
lunes, 19 de setiembre de 2011
María ... ¿Fue siempre virgen?
María ... ¿Fue siempre virgen?
¿Podemos decir que María siempre fue virgen?
Todos los cristianos aceptan a María como Madre de Jesús; pero mientras los católicos hablamos de ella como «la Virgen María», las otras religiones cristianas y muchas sectas no quieren decir ni reconocer que María es siempre virgen.
Muchos dicen, simplemente, que María tuvo más hijos y por eso no pudo ser «virgen».
En una carta anterior ya les hablé de los «hermanos de Jesús» y les aclaré que no hay ningún fundamento bíblico para decir que María tenía más hijos. En esta carta les quiero hablar, a partir de la Biblia, acerca de María siempre virgen.
1. La concepción virginal de María
El hecho de la virginidad de María en el nacimiento de su hijo Jesús se afirma claramente en la Biblia:
Mt. 1,18: «El nacimiento de Jesús fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo».
Lc. 1, 30-35: «El ángel Gabriel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios... y ahora concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo... María dijo al ángel:
¿Cómo será esto?
pues no conozco varón.
Respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti... y el Ser Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios».
Juan 1, 13: «El que nació no de la sangre, ni del deseo de carne, ni del deseo de hombre, sino que nació de Dios».
Estos tres textos bíblicos son testimonios sólidos para afirmar el hecho de la virginidad de María en la concepción de Jesús.
2. ¿Quiso María esta virginidad?
El Evangelio dice que «María era una virgen desposada con un hombre llamado José» (Lc. 1, 27).
Este matrimonio de María con José nos mueve, a primera vista, a decir que María no quiso esta virginidad.
Sin embargo,el evangelista Lucas nos ofrece otros datos acerca de este compromiso matrimonial.
Leamos atentamente en el Evangelio de Lucas 1, 26-38: En este relato bíblico vemos cómo Dios respeta a los hombres.
El no nos salva sin que nosotros mismos queramos.
Jesús el Salvador ha sido deseado y acogido por una madre, una jovencita que, libre y conscientemente, acepta ser la servidora del Señor y llega a ser Madre de Dios.
Vers. 26: «Al sexto mes el ángel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José.
José era de la casa de David y el nombre de la virgen era María».
San Lucas usa dos veces la palabra «virgen».
¿Por qué no dijo «una joven» o «una mujer»?
Sencillamente porque el escritor sagrado se refería aquí a las palabras de los profetas del A. T.
que afirmaban que Dios sería recibido por una «virgen de Israel» (Is. 7, 14): «El Señor, pues, les dará esta señal: la Virgen está embarazada y da a luz un varón a quien le pondrás el nombre de Emmanuel».
Durante siglos, Dios había soportado que su pueblo de mil maneras le fuera infiel y había perdonado sus pecados.
Pero el Dios Salvador, al llegar, debería ser recibido por un pueblo virgen que hubiera depuesto sus propias ambiciones para poner su porvenir en manos de su Dios.
Dios debía ser acogido con un corazón virgen, o sea, nuevo y no desgastado por la experiencia de otros amores.
-Incluso en tiempos de Jesús, muchos al leer la profecía de Is. 7, 14 sacaban la conclusión de que el Mesías nacería de una madre Virgen.
Ahora bien, el Evangelio nos dice: María es la virgen que da a luz al Mesías.
-Vers. 34-35: María dijo al ángel:
«¿Cómo será esto, pues no conozco varón?»
Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual el Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios».
Aunque María es la esposa legítima de José, la pregunta de ella al ángel indica el propósito de permanecer virgen.
El ángel precisa que el niño nacerá de María sin intervención de José.
El que va a nacer de María en el tiempo es el mismo que ya existe en Dios, nacido de Dios, Hijo del Padre (Jn. 1, 1).
Y la concepción de Jesús en el seno de María no es otra cosa que la venida de Dios a nuestro mundo.
¿Qué significa «la sombra» o «la nube» en este texto bíblico?
Los libros sagrados del Antiguo Testamento hablan muchas veces de «la sombra» o «la nube» que llenaba el Templo (1 Reyes 8, 10), signo de la presencia divina que cubría y amparaba a la ciudad Santa (Sir. 24, 4). Al usar esta figura, el Evangelio quiere decir que María pasa a ser la morada de Dios desde la cual El obra sus misterios.
El Espíritu Santo viene, no sobre su Hijo, sino que primeramente viene sobre María, para que conciba por obra del Espíritu Santo.
3) ¿Había pensado María en consagrar a Dios su virginidad antes que viniera el ángel?
El Evangelio no da precisiones al respecto, solamente encontramos la palabra de María: «No conozco varón» o «no tengo relación con ningún varón». (Lc. 1, 34).
Recordemos que María ya está comprometida con José (Lc. 1, 27) lo que según la ley judía, les da los mismos derechos del matrimonio, aunque no vivan todavía en la misma casa (Mt. 1, 20).
En estas condiciones, la pregunta de María:
«¿Cómo podré tener un hijo, pues no conozco varón?»
(Lc. 1, 34) no tendría ningún sentido, si María no estuviese decidida ya a mantenerse virgen para siempre.
María es la esposa legítima de José.
Si este matrimonio quiere tener relaciones conyugales normales, el anuncio del ángel referente a su maternidad no puede crearle ningún problema.
Sin embargo, María manifiesta claramente su problema: «pues no conozco varón».
Además esa pregunta de María permite otra traducción válida en la mentalidad de los judíos: «¿Cómo será eso, pues no quiero conocer varón?».
Sin duda esta pregunta de María indica en la Virgen un firme propósito de permanecer virgen.
Algunos tendrán dificultades para aceptar esta decisión de María y dirán que tal decisión es sorprendente por parte de una joven judía; porque es sabido que Israel no daba gran valor religioso a la virginidad.
No debemos olvidar que en la Palestina de entonces había grupos de personas que vivían en celibato (los esenios) y con su estilo de vida esperaban la pronta venida del Mesías.
Por otra parte el celibato o la virginidad de por vida no existía para mujeres que, según la costumbre judía, por orden de su padre tenían que aceptar un matrimonio impuesto.
Por eso la joven María que quería guardar virginidad, difícil-mente podía rechazar este compromiso matrimonial impuesto.
Y por eso ella había aceptado este compromiso con José, pero con la decisión de permanecer virgen.
Como conclusión podemos decir que este texto bíblico es favorable a la voluntad de virginidad de María.
Además está claro en la Biblia que María tenía como hijo único a Jesús y que no tuvo más hijos.
4. ¿Qué sentido tiene la virginidad ?
María no expresa sus motivos, pero todo lo que Lucas deja entrever del alma de María supone que ella tenía motivos elevados.
Por medio del ángel, Dios la trata de «muy amada», «llena de gracia», «el Señor está con ella». Y María quiere ser su «sierva», con la nobleza que da a esta palabra la lengua bíblica: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí lo que has dicho» (Lc. 1, 38).
Su virginidad parece así una consagración, un don de amor exclusivo al Señor.
Mucha gente moderna se extraña ante tal decisión de María:
¿Cómo pensaría María en mantenerse virgen en el matrimonio, especialmente en el pueblo judío, que no valoraba la virginidad?
Incluso en las iglesias no-católicas muchas personas al leer en el Evangelio la expresión «hermanos de Jesús» concluyen sin más que María tuvo otros hijos después de Jesús.
(En otra carta les he hablado claramente de este asunto y está muy claro en la Biblia que Jesús no tenía hermanos en el sentido estricto de esta palabra).
Pero lo grave es que muchas sectas están deseosas de negar sin más la virginidad de María.
¿A qué se debe esto?
Sin duda que a vanos prejuicios y a falta de conocimientos bíblicos.
¿O será por el prurito de buscarle «peros» y dificultades a la religión católica?
Virgen debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su propio Hijo en un acto de fe perfecta.
Ella, que daría a Jesús su sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter y su educación primera, debía haber crecido a la sombra del templo de Jerusalén, como dice una antigua tradición, y el Todopoderoso, cual flor secreta que nadie hiciera suya, la guardó para sus divinos designios.
Es por eso que María renunció a todo menos al Dios vivo.
Y así en adelante ella será el modelo de muchos que, renunciando a muchas cosas, entrarán al Reino y obtendrán la única recompensa que es Dios.
5. Consideración final:
Para un hombre o una mujer creyente, no es cosa excepcional renunciar definitivamente al sexo, es decir, a tener relaciones sexuales.
Hay un sinnúmero de ejemplos de jóvenes que, desde muy temprano, han intuido que este camino evangélico es un camino más directo para acercarse mejor a Jesús: Sor Teresa de Los Andes, el Padre Hurtado y tantos otros.
¿Acaso María era menos inteligente que ellos o menos capaz de percibir las cosas de Dios?
¿No podía ella captar por sí misma lo que dirá Jesús respecto a la virginidad elegida por amor al Reino? (Mt. 19,12).
Y después de ser visitada en forma única por el Espíritu Santo, que es el soplo del amor de Dios, ¿necesitaría María todavía las caricias amorosas de José?
Si la historia de la Iglesia nos proporciona tantos ejemplos del amor celoso de Dios para quienes fueron sus amigos y sus santos,
¿cómo iba a ser menos para aquella mujer, María, que fue «llena de gracia»?
¡Qué torpeza inconsciente son las sinrazones de aquellos que se olvidan de la Tradición de los Apóstoles, la cual proclama que María fue y permaneció siempre virgen!
Rechazar la virginidad de María... ¡qué manera de rebajar las maravillas de Dios!
María deseaba ser totalmente de Dios y con el «sí» de la Anunciación ella se consagró total y exclusivamente al plan de Dios: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí conforme a tu palabra» (Lc. 1, 38).
Realmente es incomprensible la fobia de algunos de nuestros hermanos evangélicos que tratan de denigrar y rebajar la dignidad de María.
Nunca predican sobre ella, y en repetidos casos han destruido sus imágenes.
Nosotros tenemos que tener bien fundamentado nuestro culto y veneración por María y tenemos que seguir proclamando sus alabanzas, tal como ella ya lo anticipó en el canto del Magnificat.
Por otra parte, María aparece unida a Jesús en la encarnación, en el nacimiento, vida, pasión y muerte de su Hijo Jesús y también en la primitiva Iglesia.
Ahora bien, el mismo Jesús dice: «Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre».
Honremos pues a María y redoblemos nuestros esfuerzos por quererla, por nosotros y por quienes la desconocen.
Décima del Canto a lo Divino:
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa
Virgen sagrada María
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón,
mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.
Etiquetas:
María ... ¿Fue siempre virgen?
sábado, 17 de setiembre de 2011
María ... ¿Quién eres?
María ... ¿Quién eres?
1. ¿Quién es María?
María nació en Nazaret, Galilea, 15 ó 20 años antes del nacimiento de Cristo.
Sus padres, según la tradición, fueron Joaquín y Ana.
María era judía.
Fue educada en la lectura de los libros santos y en la obediencia a la ley de Dios.
Hizo voto de virginidad.
Se desposó con José estando ambos de acuerdo en permanecer vírgenes por amor a Dios.
Un ángel del Señor se le apareció y le comunicó que el Espíritu Santo descendería sobre ella, y que de ella nacería el Hijo de Dios (Lc. 1, 35).
María aceptó tan maravilloso destino con estas palabras: «Hágase en mí según tu Palabra», y en aquel instante Jesús fue concebido en su seno.
El nacimiento del Niño fue en Belén de Judea y fue acompañado de diversas circunstancias, que refieren los Evangelios de Mateo y de Lucas.
¿Qué se sabe acerca de María después del nacimiento de Jesús?
Al cabo de algún tiempo, vemos a María, a José y al Niño instalados en Nazaret.
Allí hay un solo episodio notorio: la pérdida y hallazgo del Niño, a los 12 años, en Jerusalén.
Fue el tiempo que llamamos de la «vida oculta» de Jesús, su vida de hogar, de familia, de trabajo. Jesús empieza su vida «pública», su vida apostólica y misionera, hacia los 30 años.
María lo acompaña, a veces de cerca, a veces más lejos.
El Evangelio nos la muestra en Caná asistiendo a un matrimonio, y al pie de la cruz en que Jesús está muriendo.
También en varias otras oportunidades.
El libro de los Hechos la menciona en el Cenáculo junto a los apóstoles, después de la Resurrección del Señor.
La Tradición sugiere que murió en Efeso -en el Asia Menor- en casa de Juan el Evangelista.
2. ¿Cómo era María?
Del Evangelio se desprende que María era humilde y pura; que era decidida y valiente para enfrentar la vida; que era capaz de callar cuando no entendía y de reflexionar y meditar; que se preocupaba de los demás y que era servicial y caritativa; que tenía fortaleza moral; que era franca y sincera; que era leal y fiel.
María es, como mujer, un modelo para las mujeres. Es también para los hombres el tipo ideal de mujer.
3. ¿En qué consiste principalmente la grandeza de María?
En ser madre de Dios.
Algunos han dicho que María es madre de Jesús «en cuanto hombre», pero no de Jesús «en cuanto Dios».
Esta distinción es artificial y, de hecho, nunca la hacemos.
Una madre es madre de su hijo tal cual es o llega a ser.
No decimos que la madre de un presidente, por ejemplo, ha sido la madre de él como niño pero no como presidente o que nuestra mamá sea madre de nuestro cuerpo solamente, pero no de nuestra alma que es infundida por Dios.
Nunca hacemos esta distinción; decimos simplemente que es nuestra madre.
María es Madre de Jesús.
Jesús es Dios.
Luego, podemos decir que María es Madre de Dios y en eso consiste fundamentalmente su grandeza.
4. ¿Tiene María alguna relación especial con la Santísima Trinidad?
Sin duda. Es la hija predilecta del Padre.
Se lo dice el ángel el día de la Anunciación: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc. 1, 28).
Tiene también con el Espíritu Santo una relación que se ha comparado a la de la esposa con el esposo.
Lo dice el ángel: «El Espíritu Santo te cubrirá con su sombra.
Por eso el niño que nacerá de ti será llamado Santo e Hijo de Dios» (Lc. 1, 35). «No temas María porque has encontrado gracia delante de Dios» (Lc. 1, 30).
5. ¿Qué dice la Biblia?
Vamos por parte: Es cierto que esos privilegios no están contenidos «explícitamente» en la Biblia. La Biblia, por ejemplo, no habla de la Inmaculada Concepción ni de la Asunción.
Pero están contenidos implícitamente en la Biblia.
Por ejemplo, en una semilla de rosal no está la rosa.
No se ve la rosa, pero ahí está en germen y poco a poco con la savia que viene de la tierra húmeda y con el calor del sol brotará el rosal y en él florecerá la rosa.
Así también todo lo que la Iglesia enseña de María ha brotado de la semilla del Evangelio, al calor del Espíritu Santo, que sigue iluminando al Pueblo de Dios y lo lleva a descubrir de a poco toda la riqueza que El mismo ha colocado, como en un germen, en la Escritura inspirada por El.
Todo lo que la Iglesia enseña acerca de María es coherente con la imagen de María que nos formamos al leer el Evangelio, con humildad y con espíritu de fe.
6. ¿Qué dicen los evangelios acerca de las hermanas y hermanos de Jesús?
El idioma que usaba Jesús y sus discípulos no tiene muchas palabras para distinguir los distintos grados de parentesco.
Para todo se usaba la palabra «hermano» y así lo vemos en Génesis 13, 8 y en Mt. 13, 55.
Las palabras originales que traducimos en castellano por «hermanos» y «hermanas» significan no sólo los hermanos carnales sino también los primos y otros parientes cercanos.
La Virgen María no tuvo otros hijos.
Jesús es el «único hijo» de María.
Esto se muestra claramente por el hecho de que al morir, Jesús entregó su madre a Juan (Jn. 19, 27).
7. San Pablo dice que Jesucristo es el único Redentor y
¿por qué dice la Iglesia católica que María es corredentora?
Así es.
Jesús es el único Redentor, pero San Pablo enseña también que nosotros colaboramos a la redención uniendo nuestros sufrimientos a los de Cristo.
«Me alegro por lo que sufro por ustedes, porque de esta manera voy completando en mi propio cuerpo lo que falta a los sufrimientos de Cristo por la Iglesia, que es su cuerpo» (Col. 1, 24).
María sufrió durante la pasión de su Hijo como nadie jamás ha sufrido, porque tenía, más que nadie, horror al pecado, porque amaba a su Hijo más que nadie; porque amaba a los hombres por quienes su Hijo sufría y moría.
Por eso ha participado tan íntimamente en la redención.
No es ella la redentora; hay un solo Redentor, Jesucristo.
Pero se la puede llamar corredentora con toda propiedad explicando bien el alcance de este término.
8. Algunos dicen que los católicos adoran a María como si fuera Dios, o creen en María más que en Dios
¿es cierto esto?
Adorar a María sería una idolatría, un pecado contra el primer mandamiento de la Ley de Dios. «Sólo a Dios adorarás» (Lc. 4, 8).
Jamás la Iglesia ha enseñado cosa semejante.
María es una mujer, una creatura, la más santa de todas las creaturas, pero solamente una creatura.
A María la queremos, la veneramos, conversamos con ella en la oración, le damos culto no de adoración que está reservado sólo a Dios, sino un culto de veneración como se lo damos a los santos que, como ella, son seres humanos, simples creaturas; y le pedimos que nos haga conocer, amar y seguir a Jesús como ella lo conoció, lo amó y lo siguió.
9. ¿No será que el culto a María distrae del culto a Cristo?
No distrae de él, sino que conduce a él.
María presintió el culto que le sería dado a lo largo de los siglos, cuando exclamó: «Desde ahora me proclamarán bien-aventurada todas las generaciones» (Lc. 1, 42).
Ya Isabel, su prima, se lo había anunciado: «Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre» (Lc. 1, 48).
Los millares de iglesias dedicadas a María, las multitudes de personas que acuden a sus santuarios, los millones de Avemarías que se rezan diariamente en el mundo, han confirmado ese presentimiento y ese anuncio.
El que conoce a María la ama, y se esfuerza por darla a conocer y por conocer y amar a Cristo.
Se alimenta de su Palabra.
Se integra en la vida de la Iglesia, cumple los mandamientos y participa de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía.
10. ¿Cual será la relación de María con Cristo?
María es madre.
Es también discípula, su más perfecta discípula, su primera y fidelísima seguidora y su inseparable colaboradora.
María es un reflejo de la santidad de su Hijo Jesús.
Se la ha comparado a la luna que nos ilumina de noche con una luz más suave que la del día y que no es sino un reflejo de la luz deslumbrante del sol.
11. ¿Cuál es la relación de María con la Iglesia?
Siendo madre «de Cristo» y, siendo nosotros por adopción, hermanos de Cristo, María es también Madre «nuestra».
Así lo dijo también expresamente Cristo en la cruz cuando le dijo a Juan: «He ahí a tu madre» (Jn. 19, 27).
María, siendo discípula y seguidora de Cristo, es nuestro modelo, la que va delante en nuestra peregrinación hacia Cristo, la que nos muestra el camino y nos anima a seguirlo: modelo de fe, de esperanza y de amor.
Estando María ahora en el cielo, intercediendo por nosotros, nos encomendamos a ella para que nos ayude a vivir aquí en la tierra como cristianos y alcanzar nuestro destino final que es el cielo.
12. Los títulos de la Virgen
¿Por qué hablan algunos de la Virgen «del Carmen» y otros de la Virgen «de la Tirana» o de «Lourdes»?
¿Por qué hay tantas imágenes y advocaciones distintas de la Virgen?
¿Son acaso muchas las Vírgenes?
La Virgen María es una sola.
La que conocemos en el Evangelio, con la fe de la Iglesia, es María de Nazaret, la Madre de Jesús.
Los diversos nombres y las distintas imágenes aluden a las circunstancias o misterios de su vida.
La Mater Dolorosa al pie de la cruz es una mujer madura, traspasada de dolor.
La Virgen del Tránsito o de la Asunción es una mujer transfigurada, entrando en la gloria.
Otros nombres se refieren a los distintos lugares en que se celebra su culto: Virgen de Lourdes, de Guadalupe... Pero la Santísima Virgen es una sola.
Los miles de artistas que han querido pintarla y esculpirla se la han imaginado cada cual a su manera, buscando, sin embargo, su inspiración en el Evangelio y en la fe de la Iglesia.
13. ¿Qué se debe entender por apariciones de la Virgen?
La Santísima Virgen puede, si quiere, intervenir desde el cielo en asuntos humanos por amor a los hombres.
Puede «aparecerse» a tal o cual persona, habitualmente a niños o personas humildes, y entregarles un mensaje para que los hombres se conviertan y vuelvan a Dios.
14. ¿Cree la Iglesia, así no más, a cualquiera que dice que se le apareció la Virgen?
La Iglesia tiene mucha prudencia y sabiduría y es muy lenta en reconocer una aparición.
Primero estudia, averigua y comprueba, a fin de no inducir a nadie a engaño.
Y hechas las averiguaciones y después de varios años se pronuncia y reconoce con su autoridad si la aparición es real o ficticia.
En algún caso la Iglesia se ha convencido de la autenticidad de una aparición por la santidad de vida del vidente, por la pureza del mensaje entregado o por los hechos ocurridos en el lugar de la aparición: curaciones, conversiones, etc.
Esto es lo que ocurrió en Lourdes, Francia, en 1858 y en Fátima, Portugal, en el año 1917.
En otros casos la Iglesia ha rechazado las supuestas apariciones o simplemente no se pronuncia esperando que el tiempo establezca la verdad.
15. ¿Cuál es la mejor manera de orar a la Santísima Virgen?
La oración principal es la del Ave María que consta de dos partes: la primera parte está tomada del Evangelio, del relato de la Anunciación y de la Visitación: «Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo» (Lc. 1, 28). «Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre» (Lc. 1, 42).
La segunda parte ha sido agregada por la Iglesia: «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».
16. ¿Qué es el santo rosario?
Es una manera de unirnos a la Santísima Virgen María rezando cinco veces un Padre nuestro, diez Avemarías y un gloria, y recordando cada vez un misterio de la vida del Señor.
Hay 5 misterios gozosos, que se rezan los lunes y jueves, 5 misterios dolorosos, que se rezan los martes y viernes, y 5 misterios gloriosos que se rezan los miércoles, sábados y domingos.
Otras hermosas oraciones a la Virgen son la «Dios te salve Reina y Madre»; el «Bendita sea tu pureza», etc.
Etiquetas:
María ... ¿Quién eres?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





